Desaprender en modo científico

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2 mayo, 2022

Hugo Pardo Kuklinski

¿Cuál fue la última vez que cambiaste un punto de vista? Habitualmente preferimos el confort de nuestras convicciones que la debilidad de la duda. Las cámaras de eco y los filtros burbuja dan seguridad ante la confusión del desaprender. Es cierto que repensar no siempre lleva a modificar nuestras ideas. Pero cuando la solución a nuestros problemas requiere bisociación de ideas, esta actitud no ayuda. Hace años escribo fichas privadas con ideas que debería desaprender, especialmente en mi vida profesional. Y lentamente voy pasando de la nueva idea a su ejecución. Parte de ese esfuerzo se tradujo en 20 ideas para desprender en formato podcast que hicimos con Sylvia Villalba. Si tuviéramos la oportunidad de conversar como amigos, les podría llegar a decir que soy muy autocrítico con las convicciones pasadas.

Pero más que autoinculparnos, sería más inteligente desaprender desde el presente hacia el futuro: ¿cuáles de nuestras ideas actuales cuestionaremos profundamente dentro de 20 años? Y en la respuesta, podríamos ganar tiempo para innovar en nuestra toma de decisiones. Las ideas son inestables y las verdades provisionales. Por esto es mejor pensar con base en hechos y datos científicos. Cuando los hechos y los datos cambian, estamos en condiciones de revisar nuestras convicciones. Elegimos nuestros puntos de vista y podemos elegir repensarlos todas las veces que consideremos oportuno. En «Think Again. The power of knowing what you don’t know» (2021), el psicólogo organizacional Adam Grant nos sugiere «construir el autosentido basado en la flexibilidad mejor que en la consistencia. Ser más científicos (testear hipótesis) y menos fiscales (buscar defectos en el razonamiento del otro), políticos (hacer campaña para ganar sobre nuestras audiencias) o predicadores (dar sermones basados en creencias sagradas). Menos verdad permanente y más búsqueda de la verdad. En modo científico rehusamos que nuestras ideas se vuelvan ideología.»

Grant afirma que puede ser muy incómodo reconsiderar una perspectiva que es moldeadora de nuestra identidad. Esto puede «hacernos sentir débiles en nuestra evolución adaptativa (…) ¿Quién soy sin mis herramientas habituales, sin mis hábitos, mis suposiciones y mis prejuicios y juicios?». Pero precisamente ese es el ejercicio intelectual que se propone en este ensayo: revisar permanentemente nuestras visiones de mundo y poner nuestra cabeza en modo científico, basados en la evidencia. La inteligencia es predecir para adaptarse lo más posible al entorno. Las personas confiamos en nuestra objetividad, pero «somos usualmente inconscientes de los defectos resultantes de nuestro pensamiento. A veces confiamos más en las ideas que son populares que en las que son precisas.» Y una verdadera libertad de expresión es la que nos permite acceder a ideas no previstas. Para Grant, «el ciclo del repensar es humildad, luego duda, luego curiosidad, luego descubrimiento, luego nuevamente humildad. En tanto, el ciclo del exceso de confianza es orgullo, luego convicción, luego confirmación y sesgos deseables, luego validación, luego nuevamente orgullo.» Somos humildes en la total ignorancia, pero dejamos de serlo cuando aprendimos un poquito algo. Y lamentablemente, parte de la sociedad siempre vuelve al omnipresente efecto Dunning-Kruger. Grant le da un giro más a dicha idea: «lo menos inteligentes que somos en una particular área de conocimiento, lo más que solemos sobreestimar nuestra real inteligencia en ese dominio.» (…) Cuando carecemos del conocimiento y las herramientas para alcanzar la excelencia, a veces carecemos del conocimiento y las herramientas para juzgar la excelencia.»

Para reforzar esta reseña, sugiero volver al brillante Factfulness, de Hans Rosling, ya reseñado por aquí. Allí se habla de los instintos de supervivencia. Distingo tres de ellos que afectan especialmente al ejercicio de desaprender: 1. Instinto de separación. La compulsión al pensamiento binario, a una división entre buenos y malos, donde no existen escenarios intermedios; 2. Instinto de generalización. Generalizar destruye la innovación y la apertura a nuevas ideas y hechos. Rosling recomienda cuestionar nuestras categorías y tener cautela con la idea de «la mayoría opina que»; 3. El instinto de perspectiva única. A la hora de entender el mundo, es más fácil centrarse en una perspectiva única. Recuerda que es mejor contemplar los problemas desde muchos ángulos para lograr una evaluación más precisa. ¿Ideas atractivas y populares o ideas científicamente verdaderas? Para Grant, «Muchos nos definimos por nuestras creencias, ideas e ideologías. Esto puede convertirse en un problema para cambiar nuestra mente a la par de nuestra evolución, experiencia como seres humanos y evidencias (…) y muchas de nuestras creencias son clichés culturales, estereotipos ampliamente compartidos, pero raramente cuestionados, muy poco científicos.» En los procesos de diseño de Outliers School hablamos del camino permanente de la visión a la implementación al error y el regreso a la visión. Grant habla de: 1) Vivir, 2) Cometer errores, 3) Aprender de ellos, 4) Repetir los pasos 1 a 3 hasta que sabemos hacerlo muy bien; 5) Descubrir que la sabiduría que adquiriste en el paso 4 no era tal. Este autoanálisis trae nueva sabiduría. 6) Repetir los pasos 1 a 5 toda tu vida.

Doy una especial atención en esta reseña de «Think Again» a su análisis sobre el conflicto en las relaciones interpersonales. Adam Grant afirma que «La ausencia de conflicto no es armonía, sino apatía (…) «Aprendemos más de las personas que desafían nuestro proceso de pensamiento que de esas que reafirman nuestras conclusiones.» En el método Outliers School, fomentamos una retroalimentación critica que a veces incomoda a sus protagonistas y decimos que «la franqueza solamente sirve si la persona que recibe el mensaje está abierta y dispuesta a deshacerse de lo que no funciona. Lo que vale aprender aquí es que nunca se trata de una crítica a una persona, sino a una idea. No se juzgan personas, sino decisiones de diseño. Los eufemismos o florituras verbales no son parte de nuestra cultura emprendedora, como tampoco lo es la híper-sensibilidad a la crítica constructiva. Ambas actitudes retrasan la rapidez y eficiencia del proceso de aprendizaje e iteración.» En la misma línea, Grant señala que «evitar una discusión es de mala educación. El silencio falta el respeto a nuestra capacidad de tener un desacuerdo civilizado. (…) La tensión debe ser intelectual, no emocional.»

Grant analiza las capacidades de los buenos negociadores: «Podemos cambiar la cabeza de los demás si estamos dispuestos a cambiar la nuestra. Para esto necesitamos: 1. Terrenos comunes. Valorar puntos de coincidencia y desde allí avanzar; 2. Menos número de razones para poner en el debate. Focalizar en las más fuertes. Sino en la discusión, los otros abrazarán tus ideas débiles para descartar las fuertes; 3. Menos espirales de defensa- ataque y más preguntas.» Me fascina esta Jerarquía del desacuerdo, de Paul Graham. De mayor a menor pertinencia:

1. Refutar la idea central.
2. Refutación general.
3. Contraargumentar (con evidencias).
4. Contradecir (sin evidencias).
5. Responder al tono del otro (alejándonos de la idea).
6. Atacar la autoridad del otro.
7. Insultar.

Para Grant, «saber escuchar es algo más que hablar poco. Se inicia mostrando más interés en la racionalidad del otro más que intentar juzgar su status o intentar probar el nuestro». Un buen periodista diría que es una muy buena idea ayudar a facilitar la expresión del otro a través de buenas preguntas. Escuchar por varios minutos antes de responder. Grant escribe sobre «Buscar el carisma inverso. En vez de ocuparnos en ser inteligentes, es intentar que el otro sea inteligente y profundo, con humildad, duda y curiosidad.» Como nos enseña el Difficult Conversations Lab de Peter Coleman en Columbia University, «Presentar el otro extremo no es la solución, sino parte del problema de la polarización. Debemos resistirnos a simplificar los argumentos.» Revisemos el rango de matices y posibles análisis sobre un mismo tema como si fuera un catálogo de colores Pantone. Como un modelo CMYK (Cyan, Magenta, Yellow y Key) estamos ignorando muchos colores que derivan de sus combinaciones, y actuar generando valor en la conversación social sobre las zonas intermedias de dos ideas opuestas.

Esto nos introduce en el mundo de la educación formal. Y volvemos a Rosling y Grant en la recomendación de enseñar a los niños a pensar en el pensamiento crítico, aprender a desaprender sobre sus propias creencias, siendo más revisores de hechos que consumidores pasivos de información.

1. Dudar de la información más allá del simple consumo pasivo.
2. Rechazar que una idea cuanto más popular es, más confiable es.
3. Comprender que quién envía la información generalmente no es la fuente de ella.

Para Grant, «los buenos profesores introducen nuevos pensamientos, pero los excelentes introducen nuevas formas de pensar. La educación hoy no es acumular información, sino el hábito para revisar nuestras ideas y las herramientas que construimos para mantenernos aprendiendo.» Adam Grant «el foco es menos sobre estar en lo cierto y más sobre construir las herramientas que permitan observar diferentes puntos de vista (…) Aprender ideas científicas contraintuitivas puede ser mucho más difícil al salir de la educación básica. Tan difícil como aprender una nueva lengua de adultos.» La interfaz condiciona la interacción. Es paradójico pero mi experiencia como docente me dice que a veces los mejores estudiantes son solamente los que mejor rinden en relación a los métodos de evaluación y a las dinámicas de trabajo del docente y éstas pueden ser muy conservadoras, donde el estudiante en un consumidor pasivo de información. Esto no significa que tengan las competencias de desaprender que luego necesitarán para cualquier mercado de trabajo.

En «Think again», Grant nos enseña que existen una emocionantes historias de ficción donde el final te hace repensar toda la historia desde el inicio. No habías visto la situación con la claridad necesaria y esto hace toda la experiencia mucho más interesante. Repensar las cosas es una capacidad individual pero sobre todo colectiva. Este es parte de nuestro trabajo en esta escuela de los fuera de serie.