Desear y consumir menos. Diseñar mejor

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25 junio, 2022

Hugo Pardo Kuklinski

Una de las principales dificultades al diseñar innovación en forma de prototipos son las restricciones financieras y de recursos humanos. Si tuviéramos la capacidad de contratar a los mejores y sin limitación presupuestaria, innovar no sería una tarea tan difícil. Y lo es precisamente porque debemos diseñar productos mínimos viables, o sea diseñar austero, rápido y eficiente. Aspirar a un verdadero menos es más exitoso. En educación es aún más complicado, porque debemos transformar más comportamientos con la menor cantidad posible de recursos y porque en la cultura institucional de escuelas y universidades, se trabaja para hacer «muchas cosas». No se piensa como diseñadores, ni se mide la eficiencia de lo que se hace, ni se itera para crear productos y servicios cada vez mejores.

Menos es más es una de las aspiraciones de los buenos diseñadores. «Desear menos para disfrutar más» lo es para las personas de vida minimalista. «Vivir con menos sin perder nada» de la calidad de vida deseada es una de las aspiraciones de las personas que mejor viven, menos pero mejor. Y aquí donde comenzamos a conectar el diseño austero y bello con la vida austera y bella, especialmente para las nuevas generaciones que han asumido la imposibilidad de poseer bienes costosos o siquiera estabilidad financiera alguna. «Existe la sensación que la civilización que te rodea es excesiva -te abruma física y psicológicamente- y ha perdido algún tipo de autenticidad original que debería recuperarse. El mundo material deja de tener sentido, y por lo tanto acumular más y más es menos atractivo que renunciar a cosas.» dice Kyle Chayka en su atractivo ensayo de 2021 «Desear menos. Vivir con el minimalismo«.

Este joven crítico cultural norteamericano sigue la tradición de los teóricos del minimalismo, más allá de la moda de Marie Kondo y más cercano al espíritu de la Bauhaus, la profundidad de Thoreau y al autocontrol que propone la filosofía estoica. Y lo hace refrescando algunas ideas que resultan tan saludables y coherentes con quienes intentamos vivir con un poquito menos cada día, sin alejarnos de la belleza y el placer que nos rodean. Se trata de un golpe en la mesa al consumismo banal y frívolo, así como al valor de la propiedad asociado al éxito en la vida. Valorar «el narcisismo de las pequeñas diferencias. Orgullosos de los pequeños detalles que hemos podido elegir entre nuestra ilimitadas opciones».

 

Kyle Chayka organiza el texto en cuatro ejes:

Reducción. Prescindir de cosas, apartarse de las innecesarias y quedarse solo con la que nos dan felicidad. «Un acto de voluntad es obrar todo lo que hay a tu alrededor, dejarlo en blanco y empezar de nuevo, de modo que lo único que permanezca sean aquellas cosas que tú has elegido».
Vacío. Reivindicar la austeridad visual y todos los otros vacíos que nos ofrece la naturaleza y la mente.
Silencio. Proteger nuestros sentidos frente a todos los ruidos. SeR austero con las palabras. Reconocer las posibilidades radicales del sonido.
Sombra. Pensar más allá de lo binario, entre la luz y la oscuridad. La aceptación de la ambigüedad y lo azaroso de la vida.

Quisiera compartir cinco reflexiones personales que forma parte del manifiesto de ideación ágil de Outliers School en el campo de la educación.

1. Admiramos la productividad del silencio y su capacidad para comunicar cosas. «A medida que decae el prestigio del lenguaje, aumenta el del silencio.», dice Chayka. Como profesor universitario, siempre pensé que el éxito máximo de un educador es lograr que los estudiantes hagan la tarea que propone desapareciendo gradualmente de escena, siendo un mentor físicamente ausente pero permanente en la idea a ejecutar.

2. El silencio comunica observación y autoaprendizaje. En la educación formal, hablar está sobrevalorado. «Anhelamos el silencio porque nos sentimos decepcionados. Nuestra decepción deriva de que el ruido producido por el ser humano, el lenguaje y el arte han demostrado ser inútiles, cuando no directamente agobiantes. El silencio, una estética minimalista para el siglo XXI, nos brinda la oportunidad de encontrar una forma diferente de prestar atención al mundo.», afirma Chayka.

3. Desde Outliers School siempre enfatizamos en el ciclo constante de visión, luego implementación, luego error y luego regreso a la visión (para no perder foco). Kyle Chayka dice. «A una crisis le sigue otra crisis: hoy, la flexibilidad y la movilidad parecen más seguras que permanecer estático, otro motivo por el cual poseer menos cosas resulta atractivo

4. Abrazar lo irresuelto como parte del proceso de aprendizaje. A veces, «la ambigüedad sería más precisa». Las certezas de un educador pueden perder su valor sin una didáctica que apoye la idea de desaprender. Educar a través de preguntas. Afirma Kyle Chayka: «Cuando tanta gente cree que la Modernidad le ha fallado a Occidente y que nuestros estilos de vida son estridentes y sin sentido, la ausencia resulta de nuevo atractiva. Optar por ella refleja la necesidad de una nueva forma de pensar y de consumir, que haga de lo incompleto y lo irresuelto una virtud.»

5. Resulta atractivo el vacío ofrecido como un espacio arquitectónico para adaptar a las experiencias de aprendizaje, donde el mobiliario puede resultar molesto. En otro texto, Daniel Lieberman provoca preguntándose si «estar sentados no será el nuevo tabaquismo.» El vacío también puede funcionar como un reclamo en la economía de la atención, por ejemplo en la sorpresa de una galería de arte donde la obra es el propio espacio y obliga a ser pensada de modo activo por el visitante.