Creación de comunidades en la universidad híbrida

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8 septiembre, 2020

Ana Libisch

Una de las experiencias más importantes de la vida universitaria es la vida en el campus. Esta permite construir redes, intercambiar con pares y aprender de personas con experiencias de vida distintas o culturas diferentes. La pandemia de COVID-19 nos aleja del campus. ¿Cómo reemplazamos la experiencia cara a cara, el café en la cantina, la conversación de pasillo? ¿Cómo construimos comunidad en los entornos digitales?

Nadie se extrañaría en responder esta pregunta si se estuviera hablando de comunidades virtuales con intereses comunes fuera del ámbito universitario. Grupos de personas interesados en repostería, amantes de los cómics o las plantas, extranjeros viviendo en una ciudad determinada o profesionales de un área en particular que comparten contenidos relevantes y oportunidades laborales. ¿Suena como algo nuevo?

Las comunidades ya existen en los entornos digitales y se sirven de distintas plataformas para interactuar y crecer. Sin embargo, en la experiencia universitaria, la vida en el campus es la responsable de construir sentido comunitario. Escogemos entre una u otra universidad pensando en el capital social que esta selección implica. ¿La virtualidad supone una pérdida de esta experiencia?

Quizá sea necesario diseñar prácticas de cultura digital que puedan imitar la intensidad del campus. Los modelos que surjan post pandemia podrán ser una combinación de experiencias de enseñanza-aprendizaje presenciales y virtuales, modelos híbridos que integren lo mejor de ambos mundos. Estos modelos traen consigo cambios en la socialización, la evaluación, el rol del docente, el uso del tiempo, del espacio, de los contenidos y de la creación de comunidad. Así como la ausencia de un espacio físico no debería representar un obstáculo para una experiencia de aprendizaje valiosa, la ausencia de especio físico tampoco debería representar un obstáculo para construir una comunidad virtual valiosa.

Además de socializar en las instancias presenciales hay que buscar mecanismos para socializar en los entornos virtuales. Si existe un espacio de conexión sincrónica pero el encuentro es entre 5 estudiantes y no entre 35, ese espacio puede transformarse en un espacio de socialización en el que todos tienen la posibilidad de intervenir, entenderse y conectarse. Se pueden implementar espacios para hablar de otras cosas más allá de la formación académica, donde el desarrollo de aquellos aspectos vinculados con lo socio-emocional (el humor, la curiosidad, la creatividad son grandes aceleradores de nuevas conexiones) encuentren su lugar y generen un ámbito de vinculación.  

Vale la pena recordar algunos principios para crear comunidades activas y que agreguen valor a sus participantes:

Pertenencia: quién está adentro y quién está afuera.
Influencia: la voz del estudiante cuenta. Cuando hablas otros te escuchan.
Satisfacción de necesidades: Si el contenido es apropiado, relevante, actual y útil, la participación, el compromiso y la contribución de contenidos crecerán orgánicamente.
Conexión emocional: historias compartidas, e identificación de los estudiantes con esas historias.
Conexión profunda entre miembros.

En un modelo híbrido de educación la comunidad puede tener distintos puntos de encuentro. En la enseñanza remota la comunidad puede construirse a través de diversas herramientas. Aquí algunos ejemplos:

• Video conferencias, reuniones virtuales por Zoom o herramientas innovadoras de interacción online como ser Spatial que recrean las interacciones sociales presenciales a nivel virtual donde puedes aproximarte o alejarte según tu interés.
• Networking por afinidades e intereses profesionales. Braindate es un buen ejemplo.
• Grupos de Facebook o grupos de Linkedin donde los estudiantes pueden además ir construyendo comunidad virtual profesional.
• Desarrollo de aplicaciones específicas que permitan la conexión e interacción de estudiantes con los mismos intereses y necesidades.

Sea cual sea el camino escogido por las distintas universidades, está claro que deberán destinar recursos y profesionales que gestionen estas comunidades y que definan el dominio, las reglas de juego y las formas de compartir conocimiento o propiciar interacción social en entornos virtuales. Las universidades deberán adaptarse y evolucionar creando experiencias de interacción social que no sean vistas como de segunda mano por su carácter virtual, sino como de primera línea por su carácter innovador, versátil y de utilidad para la vida profesional de los estudiantes. Pero eso no lo da la tecnología, sino que depende de quién y cómo se utilice.